Lesiones del deporte: el ligamento cruzado anterior

El ligamento cruzado anterior ( LCA) une el fémur y la tibia en la parte central de la rodilla. Se trata de uno de los principales estabilizadores estáticos de la rodilla, que limita los movimientos hacia delante y detrás, laterales yd e rotación. Además , se encarga de informar al cerebro de la posición de la rodilla en cada momento para que se produzca su estabilización dinámica mediante la contracción de la musculatura que la rodea.

¿Qué deportistas tienen más riesgo de padecer esta lesión? La mayoría de las roturas del LCA aparece en deportes de gran intensidad, con frenadas , giros o cambios bruscos de dirección, como son el fútbol, baloncesto, balonmano o rugby. Pese a ser deportes de gran contacto físico, el 70% de las roturas de LCA se producen sin contacto en maniobras como detenerse de forma súbita, realizar giros explosivos con el pie fijo o aterrizar incontroladamente tras un salto. Un desplazamiento brusco del fémur sobre la tibia, con el pie apoyado, sobrepasa la capacidad  del ligamento para limitar dicho desplazamiento ,y entonces se rompe.

La rotura del LCA es una lesión casi exclusiva de deportes explosivos y de alta intensidad. Se trata de una lesión frecuente que aparece anualmente en seis de cada cien deportistas de alto nivel. Aunque la frecuencia es mayor en hombres que en mujeres (4/1), se debe a que hasta ahora la práctica de deportes explosivos era superior en hombres, puesto que la mujer deportista tiene un riesgo cuatro veces superior de romperse el LCA debido a las características anatómicas de la rodilla femenina.

¿Cómo se diagnostica una rotura del LCA?  Normalmente se rompe en un gesto brusco con un chasquido audible, se genera un intenso dolor y la rodilla se inflama súbitamente por acumulación de sangre intrarticular (hemartros). En la exploración se detecta una inestabilidad anteroposterior y rotatoria de la rodilla. Una resonancia magnética confirma la rotura del ligamento y ayuda también a descartar que haya otras lesiones asociadas, que son muy frecuentes ( daño al cartílago articular o los meniscos).

¿ Cómo se puede prevenir? Un ligamento no es reforzable. La mejor prevención frente a una rotura del LCA es trabajar específicamente la musculatura del muslo ( cuádriceps e isquios ) y los gemelos. El primer estabilizador de la rodilla es la musculatura que la abraza. Si falla por agotamiento o falta de entrenamiento del LCA se queda solo para proteger la rodilla y es mucho más fácil que termine por producirse una rotura.

Los programas de estimulación de los mecanorreceptores ( los trabajos de propiocepción) ayudan a que la respuesta automática de la musculatura sea más rápida y eficaz. Tan importante como entrenar la musculatura es entrenar los mecanismos propioceptivos de respuesta refleja. Especialmente en mujeres deportistas, para contrarrestar su predisposición anatómica a lesionar el LCA.

¿ Cómo se trata una rotura del LCA? El tratamiento es siempre quirúrgico. Aunque el dolor acaba por desaparecer, e muy difícil volver a competir al nivel previo a la rotura sin pasar por el quirófano. También acarrea una inestabilidad que provocará que el deportista siempre vaya ” un segundo tarde” y una rodilla inestable origina lesiones posteriores en los cartílagos articulares o en los meniscos. El 70% de las roturas del LCA originan una artrosis severa en la rodilla lesionada a los diez años de la lesión.

El tratamiento es realizar una ligamentoplastia, sustituir el ligamento roto por un nuevo ligamento que reproduzca de la forma más exacta posible la función del LCA original.

Fuente: Dr Vicente de la Varga. Director del Centro Avanzado de Medicina Deportiva.

 

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