Evita que una contractura se agrave

 

Aparecen por malas posturas, un sobreesfuerzo, estrés… Son muy habituales y es importante ponerles remedio. Los típicos nudos que notamos en la espalda aparecen cuando las fibras musculares se contraen y no logran relajarse.

Dolor, rigidez, limitación a la hora de realizar ciertos movimientos, inflamación o un bulto en la zona dolorida que se puede palpar fácilmente… Son los síntomas característicos de una contractura muscular.

En una situación normal, los músculos se contraen y se relajan para que podamos realizar diferentes movimientos. pero a veces las fibras musculares se contraen … y después no pueden distenderse. Entonces aparece una contractura.  El cuello , los hombros y la zona alta de la espalda son los puntos donde suelen formarse estos nudos, sobre todo por la elevación casi constante e inconsciente a la que sometemos a nuestros hombros. Pero lo cierto es que pueden afectar a cualquier parte del cuerpo. en función de la cantidad de fibras contraídas involuntariamente, la contractura es mayor o menor.

Si tienes una contractura , no te la tomes a la ligera. Trata de ponerle remedio y corrige la causa que la ha provocado. De lo contrario , es posible que la lesión  se convierta en crónica. Ante los síntomas iniciales es prioritario encontrar el origen del problema.

Repasa si alguna de estas circunstancias puede estar detrás de esos nudos que resultan tan molestos:

  • Una mala postura. Mantener una posición forzada durante mucho tiempo puede desencadenar una contractura. Sentarse en la silla o el sofá sin apoyar bien la espalda, hablar por teléfono mucho rato sujetando el aparato entre el hombro y la cabeza sin mirar la pantalla del ordenador adelantando mucho el cuello…
  • Coger frío. En general, los músculos  son sensibles a la temperatura. Cuando nos vemos expuestos al frío se contraen más y, muchas veces, sin ser conscientes de ello adoptamos una postura forzada y tensa.
  • El estrés. Las contracturas más comunes son las denominadas tensionales, que se localizan en la parte alta de la espalda. Habitualmente aparecen porque, sin darnos cuenta, encogemos los hombros ( es algo muy típico cuando tenemos problemas o preocupaciones). Además, ante una situación de nerviosismo o ansiedad nuestro cuerpo genera sustancias químicas que favorecen que el músculo se contracture.
  • Realizar un esfuerzo sin calentar previamente. En ocasiones exigimos a la musculatura un esfuerzo superior al que puede realizar o en un momento en el que no está preparado para asumirlo. Ante esta situación se genera una fatiga muscular que, de rebote, provoca la aparición de la contractura.
  • Deshidratación o una mala alimentación. La falta de hidratación o la carencia de ciertos nutrientes, como por ejemplo magnesio o potasio, pueden hacer que una persona sea más proclive a desarrollar contracturas.

Después de identificar la causa, debes aplicar las medidas adecuadas para que no te pase factura tan a menudo: mantén una buena higiene postural, practica ejercicio con regularidad para mejorar el tono muscular ( no olvides calentar antes de ponerte en marcha y estirar después), evita el sobre peso ( cuanto mayor es el peso corporal, más esfuerzo debe realizar tu musculatura a la hora de movilizarse ) alimentarse bien para que a tus músculos no les falte ningún nutriente…

Busca por cada tensión, un estiramiento. seguir una rutina regular puede ser de gran ayuda para combatir las contracturas. Es importante que los realices correctamente y sin forzar.

Fíjate en qué postura duermes. si lo haces en una posición forzada, es posible que acabe apareciendo una.

En ciertos casos, sobre todo si la contractura está en la zona cervical,puede provocar incluso mareos.

¿Calor o frío? Puede que en el momento de detectar una contractura dudes si debes aplicarte frío o calor. Los dos pueden resultar de ayuda, pero te ofrecen efectos diferentes. De entrada, el calor actúa solo a nivel muy superficial, es decir, no llega a traspasar la piel. en cambio , el frío es capaz de llegar mucho más lejos y puede alcanzar capas más profundas, hasta actuar sobre la musculatura.

Si solo buscas aliviar un dolor que está llegando a ser insoportable o que te limita la movilidad, te irá bien aplicarte alguna fuente de calor. En cambio, si buscas tratar la contractura para logras que desaparezca, el frío te será de mas ayuda.

La mejora que notamos al aplicar calor se debe al efecto sedante que produce sobre las terminaciones nerviosas que transmiten la sensación de dolor. Por eso, al retirarlo enseguida reaparecen las molestias en la zona contracturada. Si quieres conseguir mejores resultados, consulta  con tu médico y hazte con una lámpara de infrarrojos de uso doméstico. Resultan mucho más efectivas.

El frío actúa sobre los receptores sensoriales del músculo. Se conocen como husos neuromusculares y, ante un estímulo, desencadena un reflejo que hace que la musculatura se contraiga. Así se evita que aparezca una lesión cuando se da una tensión importante. Si los husos neuromusculares están sobre excitados , es más fácil que la contractura se mantengan. Como el frío ” frena” su acción, el problema puede llegar a desaparecer. Se recomienda aplicarlo 20 minutos hasta que se note la mejoría.

¿Cómo aplicar el frío y el calor? Si empleas una bolsa de agua caliente, comprueba que la temperatura sea soportable y evita que el plástico toque la piel. El tiempo de aplicación varía en función de con qué rapidez se enfríe la bolsa. Para el frío, puedes usar una bolsa de gel de las que venden en farmacias, un paquete de guisantes, bolsa de cubitos… En cualquier caso, envuelve con una toalla para que no toque la piel.

Un automasaje es otra forma de actuar sobre los husos neuromusculares es presionado sobre la contractura con la maniobra que nos explica Rafael Perea que es Fisioterapeuta y jefe de estudios del Área sanitaria en CIM Grupo de Formación:

  1. Realiza esta maniobra sobre la zona dolorida en cualquier momento del día. Si no te alcanzas bien, pídele a alguien que te la haga. Resulta muy eficaz y puede ejecutarse sin problema por encima de la ropa.
  2. Palpa con los dedos la zona hasta localizar el punto concreto en el que notes el dolor que te ocasiona la contractura. Si no lo haces tú mismo, indica a la persona el lugar exacto en el que percibes la molestia.
  3. Una vez localizado el punto de origen, presiona hasta sentir una sensación de dolor ” soportable”. Mantén esa presión hasta que el dolor desaparezca.
  4. Repite dos veces más esta maniobra y notarás cómo la contractura mejora de forma considerable.

Recuerda que tener un buen tono muscular te protege. Son muchas las agresiones que tu musculatura recibe a diario sin que te des cuenta.  Si está tonificada, será capaz de adaptarse y soportará estos sobreesfuerzos sin lesionarse.  Pero si tus músculos están flácidos y les falta tono, sobrellevar esta sobrecarga puede resultar u problema y es fácil que aparezcan contracturas ( e incluso otros problemas más importantes).

Generalmente una contractura no requiere reposo, amenos que haya un problema añadido.

Ponte en manos de un profesional. Si con las medidas que tomes en casa no es suficiente, un especialista puede ayudarte.

Fuente: RBA publicaciones

 

 

 

 

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