Movernos

Lo único que poseemos los seres humanos con un cierto grado de certeza es nuestro propio cuerpo , y solo durante un tiempo limitado. El cuerpo nos produce sentimientos dichosos especialmente cuando nutrimos su fuerza , sus aptitudes , su agilidad y su destreza. De hecho, la conciencia de nuestro cuerpo es parte de los primeros cimientos sobres los que se construye nuestro sentido de satisfacción fijan en sus manos con curiosidad y un par de semanas más tarde se consuelan o reconfortan chupándose el dedo pulgar. A os veinte meses expresan ufanos lo que pueden hacer con sus manos y piernas, y antes de los tres años señalan su cuerpo y se refieren a sí mismos con orgullo usando pronombres personales.

El sentido de estar conectados a nuestro cuerpo y la capacidad de dirigir sus movimientos y tareas forman parte de nuestra identidad . Me figuro que,por esta razón, en todas las culturas se han inventado actividades para aprovechar las cualidades de nuestro cuerpo. Entre ellas, la danza quizá sea la más antigua y la más importante, tanto por su gracia como por os múltiples sentidos y habilidades corporales que envuelve.

Un principio fundamenta en fisiología es que la falta de uso de cualquier órgano da lugar a su deterioro. En los últimos treinta años se ha demostrado en cientos de estudios que los hombres y las mujeres que hacen ejercicio físico regularmente no solo viven más años sino que viven mejor ,y disfrutan de un estado de ánimo más positivo que quienes no lo hacen.

Está comprobado que la actividad física ejerce efectos saludables en nuestro estado de ánimo. Por ejemplo, disminuye el nerviosismo, nos ayuda a dormir bien y nos revitaliza. Además , nos protege de la ansiedad y de la tristeza, fortalece nuestro sistema inmunológico, y previene o retrasa la aparición de enfermedades como los trastornos cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes y la osteoporosis.

El ejercicio a cualquier edad nos permite resistir mejor las fuerzas negativas que conspiran para robarnos el entusiasmo , incluyendo la depresión. De hecho, la actividad física aumenta la producción de serotonina en el cerebro, la cual ejerce un efecto antidepresivo y agudiza las funciones intelectuales. Tan solo media hora tres veces por semana de ejercicio vigoroso , o veinte minutos de actividad moderada a lo largo del día – como por ejemplo caminar, practicar deporte ligero o utilizar las escaleras en lugar del ascensor- son suficientes.

Para mantener la vitalidad de nuestro ser no tenemos más remedio que vivir inmersos en la actividad. Los beneficios psicológicos del ejercicio físico, especialmente cuando nos enfrentamos a los desafíos de la vida, son tan evidentes que, todos deberíamos apuntarnos al » movimiento del movimiento».

Fuente: Nuestra incierta vida normal , Luis Rojas Marcos

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