La curiosidad, una motivación infinita

La curiosidad es una de las características más inherentes al ser humano. Somos curiosos por naturaleza y, probablemente, la curiosidad sea el motivo por el que nuestras posibilidades de movimiento resulten tan diversas y por el que hayamos acabado siendo tan versátiles. Tras mencionar cómo aprendemos de pequeños a movernos realmente, ¿ cuál crees que es el motor de aprendizaje y desarrollo? ¿Qué provoca que, por ejemplo, un bebé luche contra la fuerza de la gravead y persevere durante días, semanas y meses para lograr pasar de estar tumbado a reptar, y luego a gatear, y después a sujetarse de una silla para ayudarse a ponerse de pie? ¿Cómo se nos ocurre la brillante idea de abrir los cajones de una cómoda de manera escalonada a fin de poder treparla y subir a lo alto? ¿Por qué queremos caminar cada vez más lejos? ¿ Y tocarlo todo, agarrarlo todo, tirarlo todo, romperlo todo, montar y desmontar cuanto tenemos a mano? ¿Qué nos empuja a saltar un charco una y otra vez por más de media hora?

Y, lo más curioso , ¿acaso tenemos algún deseo o expectativa de hacerlo para ser más guapos, delgados, fuertes, rápidos o mantenernos sanos durante las miles de horas que entrenamos en nuestra infancia?

De niños, la curiosidad nos motiva, nos mueve a experimentar y probar cualquier forma de movimiento, sin pensar en el resultado, nos salga mejor o peor. El problema es que , gracias a la educación recibida, que consiste básicamente en ponernos límites y estandarizar nuestra forma de pensar y hacer para que seamos buenos trabajadores, poco a poco, la mayoría de nosotros terminamos perdiéndola. A este hecho hay que sumar también la transmisión de miedos por parte de nuestros adultos ,como es normal cuando ellos han sido víctimas antes que nosotros de la descorporalización creciente de nuestra cultura.

Pero hay un truco para descubrir que todavía eres curioso. Tu curiosidad sigue ahí, puede que dormida, pero latente. Tú mismo puedes comprobarlo. Simplemente estate atento. ¿ En algún momento sientes aburrimiento al entrenar? No me digas que no, porque no me lo creo. ¿ Qué crees que te está diciendo el cuerpo? ¿Qué te pide? Como te han educado para funcionar así, piensas que lo habitual es sentirte atrapado en un callejón sin salida y, de modo binario, concluyes:

  • Estoy aburrido. El cuerpo me pide algo más. Pero esto no lo quiero ya. No lo soporto. Me desmotivo. Lo dejo por un tiempo. O , justo al contrario, me sacrifico más, porque es lo que hay, es lo que debo hacer para ser más guapo y estar más fuerte y sano. Me vuelvo a motivar e insisto, y repito el bucle hasta el infinito. O, incluso, abandono definitivamiento.
  • Estoy aburrido. El cuerpo me pide algo más. ¡Pues se lo doy! Esta cantidad me aburre. Voy a hacerlo más rápido, o con más peso, o con menos descanso. En fin, sea lo que sea, más intenso. Aumentar la intensidad es una gran estrategia para silenciar la mente o el cuerpo,y combatir el aburrimiento. O, bueno, también puede combinar disciplinas y montar circos para distraerme, circuitos, entrenamientos cruzaos y demás, aunque siga basándome en la cantidad y la repetición.

Una pregunta que podrías hacerte es:¿qué será lo siguiente? Cuando vuelva a aparecer el aburrimiento , ¿ qué motivación te inventarás? ¿Qué buscarás fuera de lo que estás haciendo para seguir haciéndolo , repitiendo? ¿Más estética, más rendimiento, más salud?

La pregunta que aquí y ahora te planteo es otra:¿ y si el cuerpo no te estaba pidiendo «algo más» , sino «algo diferente»?¡Ahí lo tienes ! ¡Es tu curiosidad!

Explora tu curiosidad.

Ahora mismo, es muy probable que tu cerebro ya se esté anticipando a lo que voy a decirte y empiece a resistirse y te susurre:» No me líes. Yo ya estoy acostumbrado a funcionar en el piloto automático de la exigencia, el de al cantidad. ¿ Para qué quieres que me mueva? Me aburro, sí ,pero estoy cómodo. Aquí me siento seguro, controlo la situación y tampoco necesito esforzarme demasiado para hacerlo». Es normal, cambiar tiene un precio, es muy costoso energéticamente modificar nuestra conducta, y más cuando no estamos frente a una cuestión de vida o muerte.

Aún así, te invito a hacerlo, ¡te reto a hacerlo! Cuando intuyas que la curiosidad llama a la puerta, dale de comer. No pierdas ni un segundo en hacerlo. Usa esa curiosidad como motivación enseguida. Busca algún tipo de disciplina que te haya llamado la atención alguna vez y pruébala. Si no la hay, atrévete con cualquier cosa, lo primero que te venga a la cabeza. No busques motivos: hazlo. Seguro que conoces a alguien que baila claqué, juega al softball, practica parkour o hace malabares con un diábolo . Si te lo piensas demasiado, encontrarás razones y excusas para no salir de tu zona de confort y volverás a las tabletas, los cronos y los análisis de colesterol. Dale una oportunidad a tu curiosidad intuitiva. Sin conocerte voy a hacerte una promesa , que no quiero permitirme el lujo de no cumplirla, así que imagínate lo seguro que estoy de lo que te voy a decir: si lo haces, si le das espacio a tu curiosidad, vas a encontrar una forma de motivarte para siempre. Te lo prometo.

No olvides que la curiosidad es la chispa del aprendizaje. Y aprender cosas es el mayor vicio del ser humano, porque nuestra capacidad natural para aprender cosas es, sin ninguna dura, lo que nos ha llevado tan lejos. Curiosear y aprender nos encanta y nos sienta bien. El problema es que en un momento dado nos convencieron de que no había nada más que aprender en lo referente a la actividad física y el movimiento, de que ya no tenía sentido hacerlo o , incluso , de que tal vez para ti ya esta demasiado tarde, porque ya tienes una edad. Y entones aceptamos el statu quo de lo convencional , de los estándares y los límites de la actividad física, de la cultura de lo superficial y los números , de las motivaciones inventadas y los objetivos.

A propósito de la edad, fíjate cómo al hablar de motivaciones de estética , de rendimiento y de salud siempre nos topábamos con un obstáculo insalvable: los años. En cambio , nunca seremos tan viejos como para dejar de ser curiosos y seguir aprendiendo. Puede que todavía estés pensando en modo ejercicio o entrenamiento , pero se amplía a toda tus facetas, si necesitas moverte y debes moverte, ¡puedes moverte!

Cuando la curiosidad se convierte en el motor de tu actividad física y de tu entrenamiento , adoptas una actitud de aprendizaje, pues toda tu atención se focaliza , se condensa en el propio movimiento. ¿Quieres aprender a hacer correctamente flexiones o dominadas? No te importe cuántas hagas, ni lo fornidos que se verán tus brazos de aquí a unos meses . Céntrate en la estabilización escapular, el control de la trayectoria y el tempo de la repetición. Obviamente , esto solo funciona cuando te enfrentas a nuevos retos , nuevos aprendizajes sistemáticamente. En cuanto domines los fundamentos de la calistenia, perderás la magia de aquí y ahora y la cabeza se te marchará fuera del movimiento, para pensar en otra cosa. Una vez alcanzado ese punto sabrás que ha llegado el momento de volver a decidir entre repetir o elegir un movimiento diferente, ya sea dentro de la misma disciplina o en una distinta, a fin de seguir alimentando tu curiosidad.

Al estado mental que alcanzas en el aquí y ahora cuando estás completamente inmerso en la actividad que realizas se lo conoce como flow ( flujo del verbo fluir), estado de flujo definido por Mihály Csíkszentmihályi a mediados de la década de 1970 , que no te deja pensar, mientas todo tú estás presente en el desarrollo de tu actividad, fusionando razón, intuición y emoción, hasta alcanzar esos momentos en que sientes más bienestar y te sientes más realizado. Podrías creer que lo mejor de recurrir a la curiosidad como fuente de motivación es que te lleva a un estado de flujo. Pero no. Eso también lo consigues centrándote en la cantidad, cuando aumentas los números, la intensidad , el volumen, la carga de tu actividad física para hacerla más exigente, movido por tus deseos ajenos al propio movimiento. Lo mejor de la curiosidad es que te lleva al estado de flujo mientras te obliga a focalizar tu atención en la calidad del movimiento desplegado, en los detalles y matices de cómo te estás moviendo, en atender al proceso de aprendizaje, al movimiento mismo.

Fuente: Camina, salta , baila. Muévete más y vive mejor. Rober Sánchez.

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