Problemas de hígado, ¿ cómo combatirlos?

Es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo, por lo que se debe cuidar al máximo para evitar cualquier trastorno. Conoce los más habituales y de qué manera puedes prevenirlos.

¿ Sabías que el hígado realiza más de 500 funciones vitales en nuestro organismo? Entre las más importantes se encuentra la eliminación de toxinas, la metabolización de numerosos nutrientes, la transformación de los alimentos en energía, la regularización de la coagulación sanguínea, la producción de bilis, etc… Como puedes observar , mantenerlo en buenas condiciones es imprescindible para nuestra salud, algo que se puede conseguir con una serie de bueno hábitos que nos protegerán contra las enfermedades más comunes del hígado.

Hígado graso, dos caras de una misma moneda. ¿ En qué consiste? Es la enfermedad hepática crónica más frecuente ( la sufren cerca de cuatro millones de españoles) y hay de dos tipos: el hígado graso alcohólico y el no alcohólico, provocado por otras dolencias como la obesidad, diabetes, exceso de triglicéridos… Ambos se caracterizan por una acumulación de ácidos grasos en las células hepáticas que, si no se trata a tiempo, puede derivar en patologías más graves como cáncer o cirrosis.

Los síntomas no son muy evidentes, aunque la esteatosis hepática ( como también se conoce al hígado graso) suele provocar una leve hinchazón de este órgano que puede resultar dolorosa y la aparición de fatiga o pesadez tras las comidas. Este trastorno puede solucionarse eficazmente con un cambio de hábitos como una alimentación sana y libre de grasas así como azúcares, y la práctica regular de ejercicio físico. No tomar alcohol en los casos provocados por él, es básico para mejorar los síntomas.

La dieta es importante. La diferencia entre un hígado sano y otro enfermo radica, principalmente , en la alimentación.

Hepatitis, la protección es muy importante. Es la inflamación del hígado causada por un virus y se contagia a través de la sangre, la saliva, el semen , las secreciones vaginales, las heces o los alimentos. Los tres tipos más habituales son la hepatitis A, B y C. la primera es la más habitual y la menos peligrosa y se transmite al ingerir agua o alimentos infectados. En el caso de la segunda, prácticamente erradicada gracias a la vacuna, se adquiere a través de la sangre y los fluidos. La C que se infecta por la sangre, suele cronificarse y acabar en cirrosis hepática.

Los síntomas varían según el tipo de hepatitis, aunque los más habituales suele ser ictericia ( color amarillento de la piel por exceso de bilirrubina), náuseas, pesadez de estómago , vómitos, picor generalizado, aparición de hematomas, fatiga o desgana, falta de apetito, deposiciones claras o fiebre.

La hepatitis A no suele requerir tratamiento, ya que desaparece sola y sin dejar secuelas. En la B, se acostumbra a pautar medicamentos para controlarla, sobre todo si se cronifica, pero para ambas tipologías existen vacunas efectivas que las combaten. Otro caso diferente es la hepatitis C, que no tiene vacuna y que , al ser asintomática, suele convertirse en crónica, en cuyo caso el tratamiento consiste en administrar varios fármacos combinados.

Cirrosis, un grave trastorno. Es una patología importante que provoca la muerte progresiva del tejido del hígado, que no pude realizar sus funciones. Está causada por el consumo excesivo de alcohol , por tomar determinados fármacos, por enfermedades autoinmunes o bien por el virus de la hepatitis C ( el 40% de los casos ) o la hepatitis B ( el 10% de los casos). Se calcula que el 5% de los afectados acaba desarrollando un cáncer de hígado. El principal problema es que las primeras señales de alarma son prácticamente indetectables, por lo que los signos se van desarrollando durante años sin que se note su presencia y, cuando finalmente se detectan , la enfermedad suele estar ya muy avanzada. Los principales síntomas son la falta de apetito, cansancio, pérdida de peso, impotencia en el caso de los hombres y alteraciones menstruales en las mujeres.

Sus síntomas y complicaciones se tratan con fármacos y pueden mejorar eliminando el alcohol y siendo una dieta sana, aunque , en casos de insuficiencia hepática avanzada, la única solución es un trasplante de hígado.

La alimentación protege tu hígado.

  1. Frutas. Se deben comer dos o tres piezas diarias, ya que tienen vitaminas y antioxidantes muy necesarios para el correcto funcionamiento del hígado. la más recomendables son la manzana, la naranja, las fresas, el aguacate, los arándanos y las uvas.
  2. Verduras. También son básicas para la salud de este importante órgano, sobre todo aquellas más depurativas y hepatoprotectoras como la alcachofa, los ajos , las cebollas, los puerros, el brócoli, los rábanos, la col, la rúcula y el nabo.
  3. Cereales integrales. Su fibra ayuda a perder peso y, entre ellos, hay que destacar la avena , que contribuye a eliminar residuos del cuerpo y tiene arginina, necesaria para el buen funcionamiento del hígado.
  4. Cúrcuma. Esta especia resulta hepatoprotectora gracias a su potente efecto antioxidante y su función antiinflamatoria.
  5. A evitar. Las grasas saturadas, la sal , el azúcar, los precocinados y los alimentos crudos o excesivamente asados, ya que generan toxinas difíciles de eliminar. La falta de sueño eleva el cortisol, la hormona del estrés, lo que hace que nuestro hígado trabaje más.

¿Qué buenas prácticas nos ayudan a cuidarlo? Para protegerse de las enfermedades hepáticas es fundamental establecer una serie de medidas preventivas que eviten el riesgo de contagio o la parición y desarrollo de las mismas. Aquí te detallamos las más importantes a tener en cuenta.

  • Mantener relaciones sexuales seguras. Para evitar el contagio de hepatitis por vía sexual, se debe utilizar siempre preservativo, ya que es la única manera de protegerse de ella y también de otras enfermedades de transmisión sexual. Por el mismo motivo, no hay que compartir los cepillos de dientes, las maquinillas de afeitar…
  • Mantén un buen descanso. El hígado se regenera cada madrugada, pero, para ello, es necesario conseguir un sueño profundo.
  • Seguir una higiene alimentaria adecuada. Es muy importante lavarse las manos a conciencia antes de comer o de manipular alimentos , así como enjuagar bien las frutas y verduras antes de consumirlas, para eliminar cualquier resto de pesticida o microorganismo y, a poder ser, es mejor pelarlas. No dejes nunca comida fuera de la nevera y evita recalentarla en exceso. A la hora de lavar los platos, se recomienda utilizar lavavajillas, ya que se alcanza una temperatura más alta y desinfecta mejor.
  • Hacer ejercicios físico . La actividad física previene la obesidad y el sobrepeso ,ya que moviliza todas las grasas de nuestro cuerpo.
  • No automedicarse. Existen fármacos que pueden dañar al hígado si se toman en exceso, por lo que siempre se debe consultar antes con el médico sus posibles efectos secundarios.
  • Vigilar los productos químicos. conviene evita el contacto con mercurio, plomo, cobre y selenio ( muy dañinos para el hígado) y usar guantes en caso de que deban manipularse.

Fuente: Heres publicaciones

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