Estrategias médicas para combatir el dolor de espalda.

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Cuando el dolor de espalda es una alteración crónica (que dura ya más de 6 meses) lo ideal es activar un protocolo multidisciplinar de tratamiento, es decir, que se apliquen diferentes soluciones médicas y con diferentes especialistas que aborden el dolor y su causa desde distintos ámbitos:

Tratamiento farmacológico. Cuando el paciente aquejado de dolor de espalda decide ponerse en manos de un profesional, suele haber tomado ya durante algún tiempo infinidad de fármacos analgésicos y antiinflamatorios. Por eso, muchas veces el especialista se encuentra con el problema de que el paciente le solicita medicamentos más potentes. Lo habitual es que si es un dolor agudo que ha aparecido hace relativamente poco tiempo siga recetándole el mismo tipo de analgésicos, así como algún relajante muscular. Si la molestia es crónica, comenzará el protocolo médico para averiguar cuál es la causa.

Infiltraciones. Tiempo atrás eran uno de los tratamientos más solicitados ante un dolor de espalda muy doloroso e insistente. Sin embargo, con el tiempo han ido perdiendo protagonismo por su carácter invasivo y porque sus beneficios no siempre superan a las molestias que conllevan y también el riesgo que suponen (puesto que si te introduce una cantidad excesiva de fármaco en una arteria o en una vena pueden aparecer intoxicaciones y reacciones adversas). Las infiltraciones se realizan aplicando inyecciones locales con productos derivados de la cortisona en los puntos más dolorosos, para calmar y disminuir la contractura muscular. Suelen ser bastante efectivas si el origen del dolor se encuentra en algún músculo, ligamento o articulación situados entre las vértebras, aunque deben realizarse con mucho cuidado y siempre , sin excepción, por un experto. Las más comunes son las epidurales, indicadas sobre todo en casos agudos o muy persistentes de ciática. Se suelen aplicar en puntos gatillo (zonas muy dolorosas) o en las articulaciones.

Estimulación eléctrica transcutánea.También se conoce como TENS y consiste en estimular ciertas fibras nerviosas de la piel. Eso se consigue aplicando en el paciente unos pequeños electrodos conectados a un generador eléctrico que emite ondas eléctricas de muy bajo voltaje que, en contacto con la piel, desactivan las células nerviosas que transmiten la sensación de dolor al cerebro, con lo que alivian eficazmente las molestias y lo único que siente el paciente es un leve hormigueo o cosquilleo, por lo que resulta menos invasiva que otras técnicas. Este método, que se comenzó a emplear para el dolor lumbar hace 30 años, no entraña ningún riesgo, aunque su eficacia puede reducirse si la corriente eléctrica empleada es demasiado intensa. Con 8 o 10 aplicaciones suele ser suficiente.

Neuroestimulación eléctrica percutánea (PNT). Una vez que se ha localizado el punto de dolor se puede recurrir a esta técnica de tratamiento. Su objetivo es estimular las terminaciones nerviosas del tejido blando y los músculos, lo que se conoce como tejidos profundos, para llegar a estimular las fibras sensitivas. Para ello se utiliza una corriente eléctrica leva que se aplican en el foco doloroso y que genera un efecto analgésico. Se aplica con electrodos en determinados puntos. Está indicada en pacientes con dolor espinal, localizado en la región lumbar o en la cervical.

Terapia cognitiva. Algunos pacientes crónicos desarrollan tal fobia al dolor que adoptan hábitos que agravan el problema, como por ejemplo permanecer demasiado tiempo en la cama. Esta terapia consiste en reeducar a los afectados para mejorar su actitud a través de una correcta información acerca de lo que deben y no deben hacer y la puesta en práctica de una serie de ejercicios que les permitan confiar más en su capacidad física. Se usan técnicas psicológicas de modificación de hábitos y comportamientos, promoviendo la práctica regular del ejercicio físico adecuado y las técnicas de relajación muscular.

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