Esas risas que no debes reprimir

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Sólo el 20% de las risas son espontáneas. Un dato difícil de creer, sobre todo por lo bien que sienta.

El ser humano aprendió antes a reír que a hablar . Y eso hace sospechar que, ya entonces, fue una necesidad casi fisiológica, además de una forma indudable de comunicación.

Con el tiempo, se ha demostrado que son muchos los beneficios para la salud. Uno de los últimos estudios de la Universidad de California, asegura que reírse cambia la química de la sangre, lo que puede contribuir a hacer un organismo más resistente, incluso ante los eventos cardiovasculares.

Cuando te ríes, estás estimulando la producción de unas sustancias que actúan con cierto efecto analgésico ( las betaendorfinas). Por otro lado, se produce una relajación de los músculos que se encuentran demasiado tensos y que están, a su vez, generando dolor. Incluso dolor de tipo crónico. Es decir , si te ríes con ganas cuando algo te duele inmediatamente verás rebajada esa molestia.

Reírse también alivia tensiones. Tal y como indicó en su momento el psicoanalista Sigmund Freud, reír sirve para evadirse de los problemas. Es, en realidad, un sistema de defensa. No hay más que recordar que en situaciones de mucha angustia puede escaparse una risa de las llamadas “flojas”.

Sirve para limpiar los ojos. La risa intensa provoca un lagrimeo beneficioso.

Reírse de manera fingida tampoco es del todo malo. Al reírnos de forma deliberada, con intención y forzando la risa, se activan zonas del cerebro que nos ayudan a resolver problemas.

Hasta la glucosa mejora. Las personas diabéticas que se ríen a menudo tienen menos riesgo de padecer trastornos cardiovasculares, según el Instituto de Investigación de la Salud de Oak Crest (Estados Unidos). En ellos, disminuyen las sustancias proinflamatorias y aumenta el colesterol bueno (HDL)

¿Te animas a sonreír? Escribe tu comentario a continuación y deja que se dibuje en tu cara una sonrisa ;))

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